Mis dedos te buscan entre las palabras, y mis ojos cansados no responden ante tu mirada ¿Dónde estás? Te busco y no soy capaz de encontrarte. Allá donde miro, allá donde creo que estás, o haya algo que me pueda indicar dónde has ido, no hay nada.
Te busco dentro y fuera de mí. Pero no hay forma de encontrar la más mínima pista de saber dónde te has ido. ¿Por qué te has marchado sin decirme nada? Otra vez lo mismo.
Lo que más rabia me da, lo que más me duele, es cuando apareces, cuando decides salir de tu escondite, pero en el momento menos oportuno. Aquel en el cual no puedo atenderte, prestarte atención como realmente debería.
¿Es este el problema? ¿El no prestarte atención cuando tú lo requieres? Resultas entonces algo caprichosa, permíteme que te lo diga.
Quizás te he malcriado. Antes tenía todo el tiempo del mundo para tí. Uno era joven y se podía permitir algunos lujos. El dejar la mente en blanco, el no prestar atención a lo que tuviese que prestar, fuese lo que fuese, solo por darte ese tiempo, regalártelo. Un tiempo a menudo valioso para otras cosas. Pero me daba lo mismo, ese tiempo te lo dedicaba a ti. Y tú, entonces, me desbordabas con multitud de historias, curiosidades, anécdotas, fantasías... todo!
Pero el tiempo pasa. Llega un momento que no puedo dedicar gran parte de mi vida a tí. Y no es justo que te enfades o te vengues de esta forma conmigo. No creo que lo merezca.
No es justo que cuando te busque, te necesite, no aparezcas, o si lo haces, con lo justo y necesario para salir del paso, con lo mínimo para luego irte sin decirme ni adiós ni cuando volverás.
Entonces un día vienes, desbordada, con ansias de comerte el mundo. Y entonces, te encuentras la puerta cerrada. No estoy en casa. El trabajo unas veces, el ir de un lado para otro otras, los amigos de vez en cuando... Y tu te enfadas y desapareces. Y cuando entonces llego a casa, me relajo, te puedo dedicar tiempo, te invito a pasar y estar los dos tranquilamente, tu decides que ya no vale la pena decir nada. Y desapareces.
Me siento delante del ordenador, buscando el provocarte, que vengas hecha un vendaval que arrasa con todo. E intento recordar todo aquello con lo que me has invadido hace unos instantes tan solo, todo aquello que me has escupido, todo cuanto me has querido contar, o lo has hecho pero a lo cual no te he prestado la suficiente atención y, por lo tanto, no me acuerdo, para mayor enojo de tu parte.
Perdóname si estás molesta o enfadada. Perdona si en algún momento no he estado a la altura de tus necesidades. Pero ten en cuenta que yo también tengo las mias. Ten en cuenta que no puedo hacer caso omiso a mi vida solo por ti. Hay más cosas que tener en cuenta y no siempre se puede hacer lo que uno quiere en el momento que uno quiere. Las cosas ya no funcionan así. En nada.
Soy lo que ves y conoces, lo sabes. Aquí no hay trampa ni cartón.
Espero tenerte a mi lado de nuevo. Espero poder seguir contando contigo por mucho más tiempo. Sabes que te necesito y me haces falta, sabes que si tí, no soy capaz de escribir nada. Sabes que mis palabras no tienen sentido si tu no las acompañas al escribirlas. Y sabes que tú también me necesitas para hacerte leer y escuchar. Te espero donde siempre, querida Inspiración.
Quedé boyando
Hace 2 meses
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