Muchas veces temo tanto el tener que experimentar una pérdida,de un amigo,la familia,algo material,un amor..Hay momentos en mi vida que tengo que ser consciente que no tengo nada,nada es verdaderamente mio,ni de nadie.
Perdí,hoy pierdo y mañana seguiré perdiendo.Tal vez cuando me despierte mañana y mire en mi baul de los tesoros me daré cuenta de la locura de perder mis drogas duras,mis amores y mis odios,mis minutos de vida.Y siempre pierdo lo ganado,porque nunca ganamos nada,la ganancia es efímera,como un tiro de coca atacando mi cerebro.Una poesía no pierde ni se pierde en mi cabeza,y como plasmó Elizabeth Bishop con su puño y letra la pérdida no es difícil..,si se puede dominar el arte de perder,y si es así no tiene porqué ser un desastre.
La vida es una continua pérdida,todos somos pura pérdida.Tal vez sea facil perder,pero lo realmente difícil es aprender a ganar cuando uno no está realmente acostumbrado.
Dedicado a Eva,gracias por el descubrimiento de Elizabeth Bishop y sus grandiosas líneas.Una buena poesía siempre es una ganancia,la cual nunca se pierde.
EL ARTE DE PERDER
El arte de perder no cuesta tanto
irlo aprendiendo (insisten las cosas
hasta tal punto en perderse, que el llanto
por ellas dura poco). Y el espanto
por perder algo cada día, rosas
que se deshojan, horas, llaves, cuanto
pueda ocurrírsele a uno, no es tanto.
Practica entonces perder más, y goza
el ritmo de la pérdida, su encanto:
pierde ciudades, nombres, y en Lepanto
pierde una mano, un destino, una moza:
nada de esto será para tanto.
Perdí el reloj de mi madre, y el manto
con que cubría mis hombros, la loza
en que tomaba el té, pero igual canto.
Perdí mi tierra, mi rumbo y aguanto
de lo más bien tanta pérdida. Es cosa
de acostumbrarse: no, no es para tanto.
Perderte a ti, por ejemplo, tu encanto
y tu cariño perder, dolorosa
prueba sería, pero nunca tanto
(aunque parezca condena espantosa).
El arte de perder no cuesta tanto
irlo aprendiendo (insisten las cosas
hasta tal punto en perderse, que el llanto
por ellas dura poco). Y el espanto
por perder algo cada día, rosas
que se deshojan, horas, llaves, cuanto
pueda ocurrírsele a uno, no es tanto.
Practica entonces perder más, y goza
el ritmo de la pérdida, su encanto:
pierde ciudades, nombres, y en Lepanto
pierde una mano, un destino, una moza:
nada de esto será para tanto.
Perdí el reloj de mi madre, y el manto
con que cubría mis hombros, la loza
en que tomaba el té, pero igual canto.
Perdí mi tierra, mi rumbo y aguanto
de lo más bien tanta pérdida. Es cosa
de acostumbrarse: no, no es para tanto.
Perderte a ti, por ejemplo, tu encanto
y tu cariño perder, dolorosa
prueba sería, pero nunca tanto
(aunque parezca condena espantosa).
